Published On: vie, May 20th, 2016

Qué no llegue la sangre al rio

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Por Franklyn Sánchez

Periodista.

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El ejemplo de civismo demostrado una vez más por los electores, es digno de una mejor respuesta, es decir, de una reacción diferente de los partidos políticos y de sus líderes, una actitud más humilde y menos avasalladora de parte de los virtuales vencedores, y menos agresiva y compulsiva desde el litoral de los vencidos.

No es posible, que elección tras elección nuestros políticos sean los que pongan la nota discordante con sus sempiternos alegatos de fraude y la interminable amenaza de denunciar ante organismos internacionales las supuestas tramposerías de que fueron víctimas, que mas que un capitulo fortuito de la novela, es algo que va mas allá de la cultura del pataleo, es una intención marcada, una estrategia urdida con el fin de desacreditar al organismo electoral y a su presidente y de esa forma provocar su renuncia o su destitución.

Inician con sus peroratas en el fragor de la misma campaña, unos días antes de las elecciones, cundo se dan cuenta que la intensión del voto mayoritario no les favorece, por la tendencia que van marcando las diferentes encuestas a favor del contrario, continúan durante el proceso de votación y durante el escrutinio, haciendole presión a la junta y se extienden aun mas allá, hasta crear un cuadro de confusión, inestabilidad y angustia colectiva que lleve al país a una crisis post electoral, donde con toda seguridad intentaran pescar en rio revuelto.
No estamos diciendo, que ante las irregularidades comprobadas no haya el reclamo pertinente y oportuno, que se revisen las actas donde los actores del proceso entienden que hay dudas y hasta un reconteo, donde haya la necesidad de hacerlo, pero sin dejar de lado la ecuanimidad y sin perder de vista lo más importante; la tranquilidad y el futuro de la nación. Pero sobre todo, se puede pedir respeto a la voluntad soberana del pueblo expresada en las urnas, pero ese respeto debe ser mutuo, cuidando las formas y haciendo uso correcto de las vías institucionales.
La jornada electoral estuvo normada por reglas claras, entiéndase, un árbitro oficial compuesto por un pleno de magistrados probos, reconocidos y avalados por los propios partidos políticos participantes, una cantidad considerable de delegados de cada partido, monitoreada por los ojos del mundo, a través los observadores internacionales, como COPPPAL, INASUR, la OEA y la Internacional Socialista, entre otros organismos, que quedaron satisfechos al calificarla de normal, muy positiva, y ordenada, a tal punto que externaron sus felicitaciones al pueblo dominicano.
Que más se puede pedir para legitimar un proceso cuyos resultados marcaron tendencia a favor del oficialismo desde los datos preliminares, mucho antes de la emisión del primer boletín y que se mantuvo así hasta el boletín número ocho. Esos resultados corroboran las encuestas hechas antes de las elecciones, las mismas que la oposición rechaza apelando a que las verdaderas son las del día de los votos, entonces, ¿a quién le creo, los votos han hablado, si o no?
No es necesario que las sangre llegue al rio, hay que evitar los excesos y exageraciones deponiendo la actitud apasionada a la hora de exigir lo que nos corresponde, de modo que no expongamos a la población a confrontaciones estériles e innecesarias, donde solo llevan las de perder los ciudadanos de a pié, que son los siempre se sacrifican aportando los muertos, las lagrimas y el dolor a cambio de nada.

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